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Llevo varios días sin poder dormir y con una pena muy grande. Todos me dicen que me acuerde de las personas que pasan frío y hambre en lugar de recordar a ese perro viejo, aterido de frío y hambriento que tiene atado en el árbol de su patio un individuo sin entrañas. Es vecino de una familia al que visitamos hace poco y le escribo por si sus palabras pudieran hacer mella en éste y en tantos energúmenos que desprecian a los animales. La extensa carta que me escribe Adela, y que no transcribo íntegra por razones de espacio, demuestra su gran sensibilidad y cómo ha quedado su estado de ánimo después de escuchar de labios de ese ser despreciado que a él <<sólo le gustan los animales para hacerles daño>>. Cuando Adela se acercó a ese pobre perro viejo que lleva la mayor parte de su vida atado y pasando frío en un patio o corral a la intemperie, le abrazó y acarició y el pobre animal, que no paraba de lamerla, temblaba de emoción y de agradecimiento. Me habla de la mirada triste del animal, que ella no puede olvidar y que no le permite conciliar el sueño, al recordar que, mientras otros animales tienen el calor del hogar o de una caseta confortable, éste sólo cuenta con un amo desalmado que disfruta haciendo sufrir a los animales. Ya le he escrito a vuelta de corre a Adela para decirle que denuncie el caso a la protectora de animales de su ciudad para que a este individuo le sea arrebatado el perro. Hay que remediar el mal, el dolor y el sufrimiento allí donde se produzca y a las personas con sensibilidad y corazón nos parte el alma ver a esos niños desnutridos y moribundos de Argentina y de tantos otros países, porque unos pocos 'listos' se valen de su poder y de sus argucias para acapararlo todo para sí. Ese mal, esas muertes, esos sufrimientos y esos seres humanos desheredados necesitan de nuestra solidaridad generosa. Pero al mismo tiempo, un perro o cualquier otro animal que sufre, que pasa frío y hambre y no puede hablar para quejarse, pero que nos lo dice todo con su mirada y con sus gestos demandando piedad y un poco de humanidad, también merece nuestro cariño y solidaridad. Mucho dudaría yo de la madurez psíquica y mental y de la bondad de alguien que es capaz de quedarse impasible ante las desgracias de un pobre perro abandonado o de un animal viejo aterido de frío y maltratado por su amo.. Estas breves y sentidas palabras pretenden el imposible de ablandar el duro corazón de tantos que no sólo no respetan a los animales, sino que los abandonan, permiten que sufran o, de manera más repugnante y despreciable -como nos cuenta esta lectora-, les hacen sufrir y ese sufrimiento les produce disfrute. ¿Qué puede haber en el corazón de seres así? Pura esencia de maldad. No concibo nada tan repugnante y despreciable como alegrarse del dolor de una persona o de un ser vivo. Por favor, por humanidad, por usted mismo, haga el bien a las personas, pero no olvide a sus hermanos menores, los animales. Por el Dr. Bernabé Tierno - Psicólogo y psicopedagogo / El Semanal - 22 diciembre 2002
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