Desarrollo Personal

Perfeccionista, eterno insatisfecho

 

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Buena parte de las personas inmaduras e inseguras que tienen verdadero pánico al fracaso, aunque suelen aparecer como personas de éxito y que jamás se sienten satisfechas por nada, son perfeccionistas. Valoran las cualidades personales a partir de categorías absolutas y padecen de verdadera adicción a la perfección, porque son esclavas del pensamiento distorsionado y dicotómico todo-nada.

   Para decirlo de manera más clara, el perfeccionista no soporta la idea de cometer errores, cree que todo debe hacer1o a la perfección y si un trabajo no le sale p1uscuamperfecto, queda sumido en un estado de tensión y de nerviosismo que le lleva a considerarse un fracasado o un inútil. Si comete un error, si cuanto emprende no le sale completamente bien, si no es el mejor en su trabajo, se viene abajo, se desmorona y piensa que todo cuanto ha hecho hasta ese momento, por bueno y meritorio que sea, no cuenta, no sirve para nada.

    A mi entender, el gran error de todo perfeccionista tiene su origen en la falta de humildad y en interpretar los errores como un fracaso y no como una extraordinaria posibilidad para aprender y para ir mejorando.

   El perfeccionista no consigue aceptar una rea1idad que asume y que ve con claridad meridiana toda persona con un mínimo sentido común: Que es imposible que todo, absolutamente todo, sa1ga bien; lo mismo que es imposible que todo salga mal, rematadamente mal. Comprenderá el lector que cualquiera que pretenda alcanzar siempre el absoluto, necesariamente se sentirá insatisfecho y desilusionado porque nunca considera suficientes los éxitos obtenidos. Los mayores logros tienen a1gún fallo o deficiencia y difícilmente la realidad de cada ida se acerca ni de lejos a lo que espera o imagina el perfeccionista.

   Decía al principio que el pensamiento dicotómico todo-nada del perfeccionista infunde en el ánimo gran ansiedad y la sensación de un constante fracaso y, en consecuencia, es paralizante y desmotivador. Para salir de1 laberinto autodestructivo del perfeccionismo es imprescindible aprender a situarse en un sano y equilibrador término medio, lo cual significa aceptar que la vida del ser humano está llena de pequeñas imperfecciones y que no existe nada absolutamente perfecto, pero no por ello merece menos la pena vivir la vida con ilusión.

   El gran error del perfeccionista es interpretar los fallos y equivocaciones como fracaso, pero comete además otros dos errores que le impiden salir de ese paralizante y desmotivador estado. Uno es que en lugar de adaptarse a la realidad, pretende en vano que la realidad se adapte a él, a su modelo ideal. Otro, considerar que optar por un término medio es tanto como condenarse a la resignación, a la tibieza y a la mediocridad, lo que le parece cobarde y humillante.

   El perfeccionista tiene que llegar a ver con claridad que la aceptación de la realidad y la conformidad de quien espera de la vida lo que pueda ofrecerle, superándose en lo posible, pero sin perder la alegría y el disfrute de lo que se es y de lo que se tiene, es la manera más sensata, sana e inteligente de vivir.

   Detallo a continuación algunas consideraciones que llevan a optar por la excelencia (hacer lo que se pueda) en lugar de habituarse al perfeccionismo.

   A cambio de hacerlo todo bien, el perfeccionista vive en continua insatisfacción, tensión y preocupación y, por desgracia, ni es más productivo, ni el posible trabajo perfecto le produce más felicidad o alegría. Se convierte en su peor enemigo por la ansiedad que produce pretender un imposible. Además, se priva estúpidamente de aprender las sabias lecciones de los fracasos. El perfeccionista crónico no sólo mantiene una actitud autocrítica consigo mismo sino con los demás, a los que difícilmente perdona sus fallos y errores; por eso acaba por ganarse a pulso la antipatía de mucha gente.

   Seguramente en lo más profundo de esa falta de humildad del perfeccionista se encuentra un ser humano especialmente temeroso e inseguro que necesita desesperadamente aparecer como el mejor para llenar el vacío inferior de la verdadera confianza en sí mismo y del auto amor.

BERNABÉ TIERNO - El Semanal, 10 mayo 1998

 

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