Desarrollo Personal

"Pégame pero no me grites"

 

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Reconozco que les grito demasiado a mis hijos, pero es para que me obedezcan, aunque no lo consigo. Hace unos días me quedé muy preocupada cuando mi hijo pequeño, de ocho años, me suplicó: <<Por favor, mamá, pégame, pero no me grites>>. Mi pregunta es, ¿por qué le pueden afectar tanto los gritos?


Parece demostrado que un niño atormentado por los gritos constantes de sus padres se convierte en un niño nervioso, inquieto e inmaduro y proclive al desequilibrio físico.

   Momentáneamente, chillar o gritar puede servir para que un niño cambie su actitud o conducta en ese instante, pero tiene muchos efectos negativos. El primero es que afecta al sistema nervioso y produce desequilibrio físico y psicológico, pero además los gritos pierden rápidamente su posible efecto de cambio de conducta porque el niño se habitúa a ellos y se convierte a su vez en una persona que no sabe hablar ni dialogar en un tono normal. Todo lo dice a voces, imitando la conducta hiriente, destemplada y subida de tono de sus progenitores.

   Para el diálogo es imprescindible la calma y la empatía necesarias para saber escuchar y ponerse en el lugar del otro. Quien grita pierde el control de sí, no escucha y activa la inquietud y el nerviosismo en su interlocutor. Su hijo prefiere que le pegue, porque el grito equivale a varias bofetadas físicas y también psicológicas. El daño neurológico, físico y emocional que padece su hijo, asediado por la violencia de sus gritos desaforados, es muy superior al de un azote o bofetada. Mi consejo es que tome muy en serio este asunto y aprenda a comunicarse con sus hijos de forma más serena y calmada, poniendo en práctica estos principios:

  • Recuerde siempre que un niño es una persona inteligente que tiene derecho a ser escuchado y a opinar.
  • Escúchele con atención y dé importancia a lo que dice, transmitiéndole confianza y paz.
  • Intente reconocerle algo valioso y positivo en sus opiniones antes de rechazarle sus errores con argumentos.
  • Si usted se equivoca, reconozca con sencillez sus errores y así su hijo aprenderá a reconocer los suyos.
  • Finalmente, no olvide nunca que cada persona tiene 'su' verdad y 'sus' razones, pero nadie tiene 'toda' la verdad.
  • Si quiere que su hijo le obedezca, motive y refuerce las conductas que pretenda inculcarle. Manténgase firme y demuéstrele que es más rentable obedecer y hacer lo que debe y que la desobediencia y falta de responsabilidad le saldrá cara.

DR. BERNABÉ TIERNO (Psicólogo y psicopedagogo) - El Semanal 24.6.2001

 

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