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Decía la semana pasada que por la forma en que pensamos, decimos y obramos, podemos convertirnos en nuestros peores enemigos. Hoy nos toca la parte positiva: cómo convertimos en verdaderos amigos de nosotros mismos, no sólo no malgastando nuestra preciada energía vital, sino conservándola y potenciándola cada día. Primero, hay que tomar buena nota de los aspectos negativos que más atañen y que se debe subsanar para conservar todo el potencial humano. Ahora puede emprender un nuevo camino hacia un encuentro más gozoso consigo mismo. Si es verdad que cada persona crea su propia realidad vital con su pensamiento, sus sentimientos, sus palabras y su conducta, hay que obrar en consecuencia. Piense por un instante en la cantidad de tiempo y de energía que pierde en ser pesimista, en tratar de complacer a personas que jamás se complacerán, en controlar a los demás, en preocuparse por lo irremediable... En sus manos esta aprovechar toda esa savia y vigor psíquico para aceptarse tal y como es y confiar en sus capacidades, vivir plenamente el presente y disfrutar de lo que es y de lo que tiene, y esperar lo mejor para facilitar que se haga realidad. Preste atención al lenguaje que utiliza al conversar con los demás y con usted mismo, porque su inconsciente codificará como verdades todo lo que piense, lo que diga y lo que haga: si insiste en tratar a un hijo o a un alumno como un ser inútil, irresponsable o malvado, su nefasto presagio tiene muchas probabilidades de convertirse en «profecía auto cumplida». Cambie de actitud y trate de ver algo valioso y meritorio en esa criatura, dígale que espera lo mejor y seguramente no le defraudará. Y usted mismo, si no cesa de maldecir su suerte y de hacer juicios negativos sobre sí, está invocando mayores desgracias, que sin duda llegarán. ¿Por qué no se hace a sí mismo el mejor regalo? Piense, diga, sienta y haga algo bueno sobre sí y espere lo mejor, alimente su vida de esperanza y verá cumplida la profecía pensada y deseada sobre sí mismo. Aprenda la más importante de todas las lecciones de la vida: ser el mejor amigo de sí mismo, tratarse bien y tratar igual a los demás. ¿No le parece esta actitud mas inteligente que instalarse en el continuo lamento y no dejar de rabiar, maldecir y patalear como un niño? Bernabé Tierno - El Semanal, 12 diciembre 1999
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