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El cabreo mata

 

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   Prometí ofrecer algunos remedios para aquellas personas que no logran superar el malhumor y el enfado. Estoy preparando estas alternativas al enfado, pero creo que quien sigue esta colaboración debe tener una información más detallada y directa sobre el mismo enfado en cuanto emoción todavía más autodestructiva y emponzoñada que albergan las personas de mal carácter y que yo denomino cabreo.

   Los componentes de ira, rencor, alteraciones nerviosas y furia desatada de un estado de ánimo cada vez más virulento, intenso y explosivo, hacen del cabreo la alteración emocional más peligrosa para la salud psíquica y la física. Quien vive cabreado la mayor parte del tiempo no sólo carece de autocontrol y tiene inesperados estallidos de ira, sino que básicamente es una persona siempre descontenta y hostil en sus palabras, gestos, actitudes y expresiones en general. Por todas partes ve enemigos y mala gente dispuesta a atacarle. El cabreo que mata se manifiesta en ese mal carácter mantenido como actitud que conduce a fuertes e intensos estados de ansiedad, agitación y nerviosismo y, en consecuencia, a un peligrosísimo estrés.

   Buena parte de las investigaciones en el campo de la medicina y de la psicología y más concretamente la psiconeuroinmunología -que estudia las relaciones entre el sistema nervioso, el sistema inmunitario y los estados mentales~ confirma que las personas dominadas por estados mentales y de ánimo especialmente negativos y desequilibradores como la ira, el rencor. la excesiva preocupación y el mal carácter, no sólo quedan afectadas psicológicamente sino que llegan a enfermar físicamente.

   Hoy ya nadie pone en duda que, independientemente de la herencia y de hábitos como fumar o el alcoholismo, hay un factor determinante y fundamental que hasta el momento no se había tenido en cuenta y es el estado emocional negativo. El más terrible de todos es la hostilidad permanente o cabreo; ese hacerse mala sangre o autoenvenenarse constantemente y por casi todo. Son personas iracundas, con frecuentes estados de ansiedad explosiva, que siempre se encuentran en estado de alerta para defenderse de algo o de alguien, como si sólo hubiera hostilidad a su alrededor.

   A estas personas les pido por su propio bien y el de las personas con las que mantienen una relación frecuente que piensen en las graves consecuencias para su salud física que pueden seguirse si no corrigen a tiempo la costumbre de cabrearse de manera tan furibunda y frecuente y por cosas tan nimias.

   ¿Sabían, por ejemplo, que la emoción negativa más frecuente en las dos o tres horas que preceden a un ataque cardiaco grave es la ira, el cabreo furibundo? Hay pruebas contundentes que demuestran que las personas que se cabrean con más frecuencia e intensidad presentan un mayor grado de obturación en sus arterias, independientemente de otros factores.

   Entre las personas que obtuvieron mayor puntuación en un test sobre hostilidad y mal carácter, el 30 por ciento murió por enfermedad cardiaca, cáncer y otras causas como accidentes, en un periodo de 25 años, presentaron una posibilidad y media más de morir que otras personas no afectadas por la ira crónica.

   El hombre, que es más propenso que la mujer a los estallidos de ira, corre un riesgo mayor de muerte prematura. Cualquier médico con años de experiencia sabe muy bien que las personas agitadas, estresadas, desasosegadas y con estados mentales de furia, agitación y angustia, potencian el riesgo de perder la salud, no sólo porque cogen antes y con más frecuencia un resfriado, sino porque tienen doble riesgo de enfermedades como úlceras de estómago, artritis, dolores de cabeza crónicos, asma, enfermedades cardiacas, etcétera.

   ¿Todo esto, por qué? Porque estas alteraciones emocionales tan negativas afectan al sistema inmunitario y cardiovascular. Para decirlo de manera más clara, cuando bajan de nivel bruscamente las defensas psíquicas, también nos quedamos sin defensas físicas y pueden aparecer las enfermedades más o menos graves.

   En conclusión, si el cabreo mata, por nuestro propio bien, dulcifiquemos nuestro carácter.

BERNABÉ TIERNO - El Semanal, 15 marzo 1998
 

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