Seguridad

Instalación correcta de Alarmas

 

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La Dirección General de Policía, los gobiernos civiles, algunos gobiernos autonómicos, como el catalán, incluso, el Ministerio del Interior, en directo, han venido alertando a la población vacacional, o veraneante, durante los meses anteriores al verano: "No olvide seguir unos consejos de sencilla ejecutoria, para evitar que le roben en su vivienda solitaria, le quiten el coche, o se lleven su equipaje, o...".

   Pero sucede lo mismo que con los consejos de la Dirección General de Tráfico a los conductores: prosiguen los asaltos a pisos y casas aisladas como continúan esas letanías interminables de muertos en carretera cada “puente”, fin de semana, salida o regreso de vacaciones.

   Son problemas que hay que analizar  despacio, sopesando los diversos factores que pueden influir en tan tristes resultados antes de atrevernos a señalar unas posibles soluciones, a nuestro modesto entender y con el único aval que esgrimiría el diablo:  ser viejo, haber vivido mucho y haber conocido el mismo problema de hoy en otras épocas, ante otras circunstancias y con otros medios.  Veamos lo que está sucediendo con los rateros de pisos, descuideros de azoteas, toperos de puertas, escaladores de áticos, espeleólogos de sótanos, espadistas, ganzueros ruiseñores y demás tropa enemiga del inquilino.

Jugando a las adivinanzas
Vamos camino de agotar la canícula; los meses de verano se nos escapan de las manos y pronto será un recuerdo entre el ruido del taller, o de la oficina, o de las calles.  Para algunos, un maldito recuerdo.  Entre esos algunos, apuntemos a los sufridos bomberos de las grandes ciudades que, además de las salidas por incendios, escapes de agua o de gas, explosiones, hundimientos, etcétera, se han encontrado de repente con un moderno sistema al que se debe poner fin con la mayor diligencia:  las alarmas antirrobo, de potente y molesta sirena.

   El cómodo inquilino del piso ático, o vivienda con varios puntos débiles, ha oído contar como son expoliados los pisos altos o tan bajos que se llega al balcón con la ayuda de una simple escalera.  Ha oído también que las casas de escasos pisos que se quedan solitarias por vacaciones de todos los propietarios, o inquilinos, son controlados telefónicamente, o por detalles reveladores captados en una inspección ocular, y atacados por la puerta principal, reventándola, como revientan luego la del piso, simplemente cargándose la cerradura y el portero automático, o llegando a los pisos a través de la puerta de la terraza, que nadie suele blindar, porque es de comunidad y las comunidades jamás se ponen de acuerdo para gastar una peseta si consideran que "sería una gran casualidad que vengan a robar a esta casa, saltando por los terrados.

   El inquilino avispado y económico echa cuentas de lo que le cuesta instalar en su ático verjas para ventanas, puerta de ballestas o sistema de alarmas acústicas y visual conectada con la policía o con una agencia autorizada para suplirla, y se decide por adquirir una alarma de llamativa instalaci6n exterior, para disuadir al ladrón que tiene que verla por fuerza si llega hasta sus alturas. El escandaloso ulular de la sirena se encargará de asustar al "caco", si aun viendo aquel cajón colgado de la fachada intenta reventar puertas o ventanas. Y al sonar el excitante y monótono ruido, malo será que no exista un vecino, o transeúnte, que al oírlo no acuda o llame a la policía. Este transeúnte o vecino trabajará gratis para el dueño de la alarma, que estará tumbado en la playa tomando el sol. Y si sabe de dónde procede el sonoro silbido y es tan ingenuo que quiere resolver la situaci6n él solito, es posible que se lleve un navajazo o un tiro. No sería el primero que sucumbió por colaborar en pro de un vecino, que montó un molesto medio defensivo sin completarlo con algo que es ineludible: la persona que acuda y, por lo menos, silencie aquel tormento de alarma que, o se disparó por accidente, o cumplió con su deber de llamar la atenci6n pasando a torturar al vecindario que ya había hecho vacaciones, o no las haría este verano.

Falsas alarmas
En Madrid, en Sevilla, en Zaragoza o en Tarrasa, pasando por Vigo, Barcelona, Bilbao, Murcia o Málaga y sin olvidar el resto de poblaciones importantes del país, vienen padeciendo la presencia de esas alarmas fantasmales no conectadas con ningún centro policial ni acallables sin el uso del martillo.

   Sé que en una sola jornada, los bomberos barceloneses, que suelen efectuar entre quince y veinte salidas, suman diez de alarmas, y una de ellas, sólo una o dos, fueron justificadas por intento de robo y el resto quedaron en simples errores del sensor, por trepidación fuerte, o ruido exagerado, entre otras cosas.

   Sé, porque me ha tocado vivirlo el pasado 15 de agosto, que una alarma continua puede permanecer hasta dos y tres horas molestando a los vecinos, si, como la de mi sector, es difícil de localizar.

   En media hora estaban en mi calle la Policía Nacional, a la que había llamado un vecino de mi casa, la Guardia Urbana, a la que había llamado otro vecino, y los bomberos, a los que habían llamado los policías y los urbanos. En total, diez hombres tratando de averiguar de dónde salía aquel irritante sonido, ayudados por otros tantos inquilinos de las alturas que, desde los balcones y terrados, íbamos opinando.

   Cuando cesó la bronca pudimos averiguar que de veinte hipótesis nacidas en la búsqueda de la sirena, sólo un par habían acertado con la casa donde estaba instalada y uno con el piso, que era el ático.

   Seguramente, el propietario del piso se enteraría de lo sucedido, porque en la puerta habría quedado huella de intento de entrada y porque sería advertido por los bomberos de que su alarma estaba inutilizada, para que no siguiera viviendo feliz en la seguridad de que todos estábamos a su servicio, mientras se tostaba al sol. 

   Según me cuentan los bomberos, si suena una alarma por fallo de sistema de instalación, la primera vez le enseñan tarjeta amarilla y, si repite, sacan la roja y tiene que pagar el servicio, quedando advertido para no repetir. 

   Que yo recuerde, se habló de aplicar fuertes multas a quienes hicieran perder su precioso tiempo a policías y bomberos, por instalación de alarmas baratas y malas, pero todo quedó en amenazas. Que yo sepa, en los países europeos que pueden servirnos de ejemplo en este terreno de la protección, los sistemas de alarma han de estar conectados con la policía o agencia de seguridad.

   Esa es la solución idónea. O salir de vacaciones y fin de semana dejando una llave del piso a un pariente, o vecino de confianza, que evite molestias y peligros al inocente desconocido.

   ¡Ah!  No quiero cerrar este comentario sin recordar a los poseedores de estas alarmas no conectadas con nadie, que pueden dar con un ladrón avispado que ataca, la activa, se agazapa, y cuando los bomberos llegan y desactivan el sistema, sale del "zulo" y ataca de nuevo; esta vez seguro de que la sirena no le va a delatar.

 Aprenda a defenderse / Enrique Rubio
 

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